¿Se está convirtiendo Miami en el centro cultural cubano, tanto para los que viven en la isla como para los exiliados? Al parecer, la balanza cultural se ha ido desplazando desde Cuba y Europa, cada vez más en dirección a Miami. En esta ciudad se celebran ferias de libro, festivales de teatro, exposiciones, conciertos, peñas literarias y todo tipo de actividades culturales con la presencia de artistas cubanos exiliados y provenientes de la isla. ¿Será esta la ciudad donde hay que vivir para tener acceso a las novedades de ambas orillas? Esto parece colegirse del interesante análisis de Alejandro Ríos, publicado en El Nuevo Herald.
por Alejandro Ríos
Miami se sigue poniendo interesante, mucho antes que el gobierno federal abra otras anunciadas compuertas del llamado contacto de pueblo a pueblo. Se ha vuelto uno de esos cruces de caminos que hicieron famosa a la antigüedad.
Cierta noche cálida, bajo las estrellas, en una finca de las afueras, Edesio Alejandro presenta su CD y documental 100 Sones Cubanos ante una multitud de 500 personas, en su gran mayoría de origen cubano. Unos llevan medio siglo por estos lares, otros se acaban de bajar de la escalerilla del avión.
Entre los invitados de la velada cultural figura, triunfante, Rosita Fornés, toda una institución viva del universo que la revolución quiso arrasar, y el carismático actor Albertico Pujols, quien acababa de dejar inaugurada una muestra de su pintura en otro sitio de la ciudad.
Un encontronazo de esta categoría es poco probable, sino imposible, en La Habana, que sigue presumiendo de una ostentosa vida cultural, mediatizada, sin embargo, por la indigencia, la falta de recursos y estímulo, así como por las recientes y, al parecer, continuas convocatorias oficiales para rendir pleitesía al "espectro en jefe'' en su cínico y devastador regreso de entre los muertos.
Después de haber sido mancillados durante años, en la isla viejos poetas son conminados a perpetrar canciones al verdugo. La fémina del cónclave alguna vez hasta recibió "pataditas de rosa'' por parte de un operativo del Ministerio del Interior en su Matanzas natal, otro era escribano fantasma de Antonio Núñez Jiménez, quien no sabía redactar, y al santiaguero le asaltaban su casa con vista al malecón en operativos policiales atribuidos luego a la delincuencia de barrio para mantenerlo atemorizado.
El ambiente cultural habanero se ha ido enrareciendo irremediablemente. El único cine ceremonial de La Habana con atisbos de aire acondicionado es la Cinemateca en 23 y 12 del Vedado. Lugar donde la Seguridad del Estado se atribuye el derecho de impedir la entrada a blogueros indeseables cuando se estrena un documental sobre el dúo de hip-hop Los Aldeanos y un grupo de teatro tan famoso como El Público, que hiciera una presentación exitosa en Miami recientemente, lleva seis años sin el mencionado sistema de enfriamiento en su sede habitual que es el cine Trianón en la calle Línea, en un acto de resistencia inaudito.
Cuenta un actor, de visita en el sur de la Florida, que durante grabaciones de telenovelas en el otrora legendario Estudio 17 del Edificio Focsa han debido parar, en muchas ocasiones, porque al quitar los paneles de aislamiento de sonido hasta los pasos de vecinos se sienten en el set. Ni hablar de la decadencia técnica y estructural del famoso inmueble.
Por eso Miami va dejando de ser el campo de batalla donde se debe vencer en pro del arte revolucionario, tal como lo apremia el Ministerio de Cultura, para aupar un remanso, con el que no se cuenta en la isla, de reposo y buenas costumbres.
Ahora mismo en la Galería del Campus Oeste del Miami Dade College, Alejandro Moya, entre los más significativos y valientes cineastas jóvenes cubanos, expone sus fotos luego de dirigir dos largometrajes, uno de ficción Mañana, y otro documental, Ahora, donde las nuevas generaciones, las de Cuba y las que han logrado escapar, manifiestan, sin cortapisas, las numerosas frustraciones que sobrellevan o sufrieron por un gobierno que los ignora y un país disfuncional para sus ambiciones. Ni decir que esta filmografía ha padecido todos los traspiés de la censura real y la subrepticia.
Fascinado con el fenómeno estético y conceptual que son Los Aldeanos, a quienes dedicará su próximo documental, actualmente en espera de edición, Moya ha prometido que los traerá en concierto a Miami antes de que finalice este año.
Será entonces que el accidentado intercambio cultural alcanzará una nueva dimensión, algo que nos haga olvidar, al menos por un par de horas, la abyección de confundir la nación y su esencia con los tejemanejes de una gerontocracia que se resiste al naufragio inevitable de sus afanes por mantenerse en el poder.