sábado 29 de mayo de 2010

SILVIO RODRÍGUEZ: LAS "PERLAS" DE SU BOCA

En la foto: Silvio Rodríguez
Cuando vemos ciertas afirmaciones en boca de quien, en algún momento, fue considerado un individuo con sensibilidad e inteligencia, uno se pregunta si ese individuo no se habrá convertido en un oportunista, un cínico o simplemente en un descarado. Esta reflexión nos viene a la mente después de leer las respuestas que el trovador cubano Silvio Rodríguez enviara por email al corresponsal Mario Alegre Barrios, del periódico El Nuevo Día, en vísperas de un concierto en el país boricua. La entrevista completa puede leerse aquí, pero les dejamos con algunos fragmentos como botón de muestra:

¿Puede haber ese encuentro a medio camino entre los que siguen creyendo que la Revolución es lo mejor que le pudo haber pasado a Cuba y aquellos que sienten que esa revolución les robó su vida y su libertad? ¿O piensa usted que es una utopía?

(…) lo cierto es que se sigue satanizando a Cuba, se la persigue con una lupa enorme que amplifica defectos y desaparece virtudes, fabricando la imagen de un infierno. Contradictoriamente, organismos internacionales muy respetables, no políticos, reconocen los logros sociales de Cuba, y pudiera afirmarse que el turismo que visita a nuestro país es uno de los más seguros del planeta (…).

¿Cuáles percibe como las mejores virtudes del régimen que por 51 años ha marcado el derrotero de su país?

La calidad humana que se ha logrado en Cuba (…).

¿Cree que es saludable la codependencia tan manifiesta que existe entre Cuba y el Gobierno de Hugo Chávez?

¿No es eso lo que querían Bolívar y muchos otros próceres americanos? ¿No hablaba Martí de una comunidad que llamaba Nuestra América? Cuando guerreábamos para sacudirnos el yugo colonial ¿quiénes no encontraban saludable nuestra unión? Y hoy día ¿a quienes puede parecer enfermizo que nos ayudemos los unos a los otros? Cabría preguntarnos si es saludable la codependencia manifiesta de los países del primer mundo que se confabulan para caerle a bombazos a terceros.

¿Cuál es su sentir ante el espinoso tema de los presos políticos y las Damas de Blanco?

Ellos violaron leyes cubanas, semejantes a leyes que existen en los Estados Unidos y en muchos otros países. Aún así las condenas me parecieron largas. No es la primera vez que digo que ya los hubiera puesto en libertad. Puede que presionar al gobierno cubano aleje que los liberen. Por otra parte, si yo estuviera preso, agradecería que mi madre, mi hija o mi esposa lucharan por mi libertad. ¿Qué se puede decir ante eso? Otra cosa es recibir dinero de sectores del exilio vinculados a terroristas confesos. Me parece que eso perjudica el buen ver de esas señoras.

lunes 24 de mayo de 2010

¿CUÁL ES EL PROBLEMA DE ZOÉ VALDÉS? (4ª Y ÚLTIMA PARTE)

Foto: Manuel Pereira
Hemos dejado para el final a Manuel Pereira, el único del grupo de escritores que no califica entre aquellos que le han hecho sombra a Valdés, puesto que no es tan conocido como sus colegas. El único delito de Manuel Pereira (a quien ella acusa de “comprometido con el régimen” por sus novelas El ruso y El comandante Veneno, pese a que otros escritores de la isla han publicado novelas de mayor corte político) es que fue su esposo. Con Pereira, Valdés ha desplegado una de las prácticas más despreciables que puede emprender un escritor contra un ser humano: se ha dedicado a caricaturizarlo en sus novelas, donde no pierde oportunidad de insultarlo, vejarlo y hacerlo aparecer como un monstruo. Fue lo que hizo, por ejemplo, en La nada cotidiana, cuando lo convirtió en el personaje de El Traidor. En lugar de ventilar sus problemas de pareja a puertas cerradas, esta señora se dedicó a increpar y a difamar de Pereira en ese libro. No le bastó con el escándalo que ella misma provocara en la embajada en París, cuando la enviaron de vuelta a La Habana porque se descubrió que engañaba a Pereira con el mencionado funcionario (ver primera parte) José Antonio González, con quien se casó después. Pero aquello le pareció poco. No satisfecha con haberle traicionado públicamente, Valdés arremetió sin piedad contra él en esa novela para crearle una imagen detestable. Y quizás para cubrir su propia culpa, ha seguido atacando al hombre de quien se divorció hace ya más de veinte años con una tenacidad que raya en la demencia.

No conocemos las interioridades del matrimonio Pereira-Valdés, pero con esa actitud y afán de venganza personal, quien ha quedado muy mal parada ha sido ella. Cualesquiera que hayan sido sus defectos, Manuel Pereira, como todo un caballero, jamás ha dicho una palabra sobre o contra Valdés en ningún sitio público. Aunque el escritor vive actualmente en México, dedicado a escribir su obra y a vivir de su trabajo como profesor de Literatura y de Historia del Arte en la Universidad Iberoamericana, donde se sabe que es reverenciado por sus alumnos, Valdés sigue destilando veneno contra el hombre con quien una vez estuvo casada. Y de nuevo habla con verdades a medias. No menciona que Pereira, como otros tantos miles de cubanos, también se decepcionó del régimen. En su novela Insolación (Editorial Diana, 2006, México), Pereira describe ese proceso y convierte a uno de sus personajes emblemáticos anteriores en un joven desilusionado ante lo que ocurre en la isla. Como bien lo describiera el periodista Andrés Reinaldo, de El Nuevo Herald, la novela “Insolación es la crónica de un colosal fraude histórico visto con los inocentes y por tanto implacables ojos de un joven que perdió su piel en la utopía.”

Sin embargo, por alguna terrible deformación de su carácter, Valdés es incapaz de ver o apreciar ninguna de esas cosas. Mientras en muchos sitios de Internet es posible ver las fotos de decenas de escritores cubanos que se reúnen en lanzamientos, ferias, recitales de poesía o cenas, compartiendo como colegas y amigos, sin discriminar dónde y cómo viven, en las lastimosas fotos que Valdés coloca en su blog siempre aparecen los mismos cuatro o cinco rostros de siempre… ninguno de los cuales, además, es escritor. Uno tras otro, Valdés ha ido alejando a quienes fueran sus amigos, especialmente a sus ex colegas de letras. Para nadie es un secreto que ya ha perdido las nueve décimas partes de sus amistades, y que muchos de quienes todavía le hablan, la tratan a distancia. Es obvio que el problema no está en el resto de las personas, sino en quien origina esa fuga masiva de amistades.

A medida que la pésima calidad de sus libros se ha hecho más evidente, su afán de publicidad ha encontrado un nuevo filón. Si Valdés quiere destacarse como figura política es dueña de hacerlo. Pero no le hace ningún bien dedicarse a difamar o sembrar intrigas. Todo lo contrario, la reacción que provoca es muy adversa. Debería fijarse mejor en lo que le ha sucedido muchas veces a los políticos cuando han intentado hacer sus campañas atacando a otros: el resultado siempre ha sido funesto para ellos. Ya le ha ocurrido a la propia Valdés en otras ocasiones, y le seguirá ocurriendo mientras insista en sus ataques contra quienes ni siquiera la toman en cuenta cuando hablan o escriben.

Como es evidente que a Valdés le molesta que le recuerden su pasado, lo mejor sería que se abstuviera de recordar o citar el de los demás. Cada vez que lo haga, cada vez que vuelva a mencionar nombres o a levantar dedos acusatorios, estará expuesta a réplicas como esta. Ya se sabe: “Quién a hierro mata, a hierro muere”. Lo mejor para su salud mental sería olvidarse de esos escritores con los que ella parece tan obsesionada. Más bien debería imitarlos y hacer lo mismo que ellos hacen con ella, es decir, ignorarla olímpicamente. Es obvio que todos están demasiado ocupados con sus propios asuntos y sus libros… algo que la bilis de la señora Valdés parece incapaz de asimilar.

sábado 22 de mayo de 2010

¿CUÁL ES EL PROBLEMA DE ZOÉ VALDÉS? (3ª de 4 partes)

En la foto: Wendy Guerra

En su más reciente pataleta (ver enlace en la primera parte), Valdés también arremete contra Wendy Guerra, una escritora que vive en la isla y que ha publicado dos novelas tan problemáticas para el régimen que ninguna ha salido en Cuba. Wendy Guerra parece ser una de las obsesiones más fuertes en la vida de Zoé Valdés.

Al parecer, la primera andanada de Valdés contra esa autora se produjo después que Wendy publicara su primera novela Todos se van. Desde entonces, no ha cesado de vapulearla cada vez que puede. En cada uno de los ataques que Valdés ha desplegado contra Wendy, hay un ensañamiento enfermizo y casi morboso. En otros post, la ha insultado, acudiendo a apodos infantiles o irrespetuosos, acusándola de que la imita o la plagia (sus dos acusaciones favoritas contra el resto de los escritores cubanos).

Esta vez se abstiene de los apodos y la llama por su nombre completo. Ahora Valdés dice que, entre los escritores que han servido al régimen, está “Wendy Guerra, actriz de la televisión cubana, con papeles bastante comprometidos, por cierto.” De nuevo la vaguedad, la verdad a medias, la mala leche que intenta sembrar dudas.

¿Se puede saber, señora Valdés, qué quiere decir usted con “papeles bastante comprometidos”? ¿Qué significa para un actor (que lo mismo debe representar a un asesino en serie que un monje) hacer un papel “bastante comprometido”? ¿Y qué tienen que ver los personajes que haya hecho una actriz con un posible “servilismo político”, si es eso lo que quiere insinuar? Porque si de eso se trata, ese sayo no le sirve a Wendy Guerra. ¿Por qué no dice, señora Valdés, que Wendy Guerra tiene una importante columna en el periódico El Mundo, donde escribe sobre verdades que usted jamás mencionó en sus escritos en Bohemia, mientras cumplía su papel como funcionaria desde París y se probaba sombreros en las tiendas francesas? ¿A cuento de qué menciona a Wendy Guerra en una pregunta sobre el premio de la guerrilla Farabundo Martí que usted recibió en los años 80?

No cabe duda de que Valdés es una discípula aventajada de Fidel Castro, a quien (cuando aún estaba en condiciones de responder) si le hacían una pregunta que le molestaba, contestaba con una monserga de dos horas en la que hablaba de cualquier tema ajeno con el propósito de desviar la atención del peliagudo tópico. Es una lección que Valdés aplica invariablemente cada vez que le preguntan algo que considera molesto sobre su persona.

Otro de los mencionados en la perorata de Valdés es Leonardo Padura, quien junto a Wendy Guerra y Pedro Juan Gutiérrez, es uno de los tres escritores más exitosos que viven en la isla. Sin duda, el éxito de Padura también le ha molestado a Valdés. De otro modo no se explica su inclusión en el grupo, puesto que Padura es uno de esos raros escritores independientes de la isla que se atreve a decir, de nuevo, lo que ella nunca dijo mientras vivía allí.

Valdés miente descaradamente cuando afirma que Padura tiene un “alto cargo en la UNEAC”. Jamás Leonardo Padura ha tenido cargo alguno en la UNEAC. Nunca fue funcionario de ningún organismo estatal en la isla. Y aunque ese escritor trabajó en algunos periódicos principalmente culturales, nunca dirigió esos periódicos, ni ninguna otra revista oficial como, por ejemplo, Cine Cubano… Ah, perdón, ésa fue la propia Valdés. Claro está, ella siempre tiene la esperanza de que los cuatro ingenuos que leen su blog no lleguen a averiguar realmente qué hay detrás de esas afirmaciones tan festinadas; y que no se molesten en conocer qué hay de cierto o falso en los alegatos de esta mitómana.

Sería bueno que antes de ofrecer su opinión sobre esos posts (especialmente cuando se refiere a otros escritores), vayan a Internet y averigüen. Su táctica consiste en lanzar acusaciones, dejando entrever que ella sabe algo que los demás no saben (aunque sin decir qué es, ni mostrar fuente alguna); o que tiene tal o más cual documento, aunque nunca cita fielmente ese documento; o lo deja en vaguedades; o peor aún, sencillamente miente con todo descaro. Es algo en lo que ella se ha especializado... (continúa aquí)

viernes 21 de mayo de 2010

¿CUÁL ES EL PROBLEMA DE ZOÉ VALDÉS? (2ª de 4 partes)

Pedro Juan Gutiérrez
Otro escritor que ha recibido la andanada es Pedro Juan Gutiérrez, a quien Valdés acusa de ser “periodista de Bohemia y Verde Olivo”. Este escritor, que es una de las voces más críticas de la isla, se ha destacado por libros semi-autobiográficos donde deja al descubierto los rincones más sucios de la sociedad cubana, una temeridad que lo ha convertido en un autor mucho más marginal que sus personajes dentro de la cultura de su país. Pedro Juan Gutiérrez, a diferencia de Valdés ―quien salió volando con su manuscrito a cuestas (y la expresión es literal, porque ella tomó un avión para París en compañía de su tercer esposo e hija―, se quedó en la isla y se atrevió a publicar desde allí todos sus libros. Y no solo eso, en sus entrevistas Gutiérrez es igualmente mordaz y rebelde. No tiene pelos en la lengua y dice lo que tiene que decir cuando le preguntan. Cierto que publicó sus artículos en Bohemia y Verde Olivo. ¿Y qué? Era periodista y tuvo que pasar el Servicio Militar Obligatorio del cual, por cierto, salió con un expediente muy negativo para su futuro. En un artículo, el propio Gutiérrez contaba que, aunque se le dijo que tenía “buena actitud ante el trabajo y el estudio”, también se le acusaba de ser un individuo “conflictivo, indisciplinado y con problemas de conducta respecto a sus superiores”, con lo cual quedaba automáticamente descalificado para tener ningún puesto como funcionario ―cosa que parece no le ocurrió a Valdés, quien terminó dirigiendo la revista Cine Cubano, órgano oficial del ICAIC, y hasta hizo el guión de una película producida por ese mismo organismo; algo que, como sabemos los cubanos, es un privilegio que se le ha concedido a muy pocos de su generación.

Hay que recordarle a Valdés que trabajar en Verde Olivo solía ser parte de las obligaciones de un graduado universitario que, como Gutiérrez, había pasado por el SMO. En cuanto a su trabajo en la revista Bohemia, se trata de una publicación más entre todas las que controla el régimen dictatorial de la isla y en la que han trabajado centenares de periodistas. Lo curioso es que, de nuevo, Valdés no menciona que mientras Gutiérrez hacía investigaciones sobre las cárceles cubanas en los años 80, ella estaba en París y, sin que fuera periodista, escribía y le publicaban sus artículos (ojo, señora, con su tejado de vidrio) nada menos que ¡¡¡en Bohemia!!!, como podrá comprobar hoy cualquiera. En esa revista donde al parecer es tan deshonroso publicar, Valdés hizo gala de ese “compromiso” y “rebeldía” de los que tantas veces ha hablado en sus entrevistas, comentando sobre los sombreritos que se compraba en París y sobre las joyas antiguas que iba a ver a los museos de esa ciudad.

Raúl Rivero
Más adelante Valdés también menciona al poeta Raúl Rivero, a quien acusa de haber hecho poemas revolucionarios, aunque después admite que eso no le impidió convertirse en disidente y periodista independiente, lo cual le valió la cárcel y luego el exilio. Si bien reconoce el mérito de su disidencia, la mención festinada a sus “poemas revolucionarios” no se justifica dentro de una pregunta que le han hecho a ella sobre su propia obra poética. Es evidente que intenta empañar la imagen de un ex preso político que, fuese cual fuese su pasado, luego se jugó la vida por defender la libertad de actuar y de pensar… algo que ella nunca hizo.

Por otro lado, al mencionar los “poemas revolucionarios” de Rivero, Zoé Valdés olvida que la contratapa de su propio poemario ―el único libro que publicó en Cuba― dice (y copiamos textualmente, porque ella no es la única que conserva libros ajenos para evitar que a uno le vendan gato por liebre): “Recibió el Primer Premio de Poesía ‘Roque Dalton y Jaime Suárez Quemain’ en el concurso auspiciado por Radio Venceremos, emisora clandestina de El Salvador en armas”. Y en este punto hay que señalar su desfachatez al asegurar en una entrevista (8 de enero de 2009, El Cultural, España) que solo se enteró que el premio lo auspiciaba la radio guerrillera de El Salvador en el momento de la premiación, cuando todo el mundo sabe que, en Cuba, las bases de los concursos siempre incluían a sus auspiciadores. Pero dicen que más pronto se coge a un mentiroso que a un cojo. Si hemos de creer en su versión de que no sabía quién auspiciaba el concurso, ¿podría explicar la señora Valdés por qué su poemario está plagado de alusiones y dedicatorias a guerrillas y guerrilleros salvadoreños? ¿Será que tiene talento de adivinadora y no nos hemos enterado?

Por lo visto, Valdés tiene memoria selectiva. Acusa a Rivero de escribir poemas revolucionarios y olvida los que ella misma publicó en ese primer libro, por ejemplo, “Poesía guerrillera”, dedicado a Haydeé Santamaría, y “Comunismo poético”, dedicado a Alfredo Guevara, director del ICAIC, al que debe agradecer los años que vivió en París junto a su primer esposo y al que ahora ataca cada vez que se acuerda. En el poema dedicado a Alfredo Guevara, Valdés canta el desembarco del Granma por Fidel Castro, cuando dice “Doce duendes desvelados en una isla habitada / por el monstruo, / doce duendes barbudos…”. En “Poemas para un país salvado”, que encabeza con una cita de Roque Dalton, dice: “En un libro de poemas un guerrillero encontró / fórmulas metafóricas de cómo hacer la paz / el comunismo […] El Salvador respirará livianamente cuando la revolución sea / un suave silbido en el oído de los muertos”. Y en “Respuestas a Roque Dalton” proclama, en una oda inflamada, que “esa será la leyenda de la revolución, / una interminable poesía atravesando el espejo verde / de tus emociones”. Por último, la farabunda, perdón, furibunda bloguera devenida republicana, olvida que en ese poemario ella misma celebró la muerte de un presidente republicano. Su poema “En el cementerio de Hollywood” empieza diciendo “Aquí yace Ronald Reagan, actor” y termina con: “Sus póstumas palabras fueron: ‘¡Pero si sólo ensayaba, / mi vida está en manos de dios!’ / Esta vez Dios fue enérgicamente justo”.

No criticamos el derecho de que alguien cambie de opinión. Pero en el caso de Valdés, lo incomprensible e indignante es su afán de olvidar su propia biografía mientras se dedica a tergiversar las de personas que, a diferencia de ella, nunca fueron funcionarios del gobierno mientras vivieron en Cuba, y hasta de aquellos que, si alguna vez lo fueron, luego arriesgaron su integridad física dentro de la isla por esas ideas. Lamentablemente se trata de dos circunstancias de las que ella jamás podrá alardear en su currículum. (continúa aquí)

jueves 20 de mayo de 2010

¿CUÁL ES EL PROBLEMA DE ZOÉ VALDÉS? (1ª de 4 partes)

Foto: Zoé Valdés
Es lamentable tener que regresar a un tema que ya hemos tocado antes cuando hay otros asuntos de la realidad cubana que reclaman la atención, pero las circunstancias nos obligan. Zoé Valdés, que ha estado haciendo carrera como bloguera opositora al régimen cubano desde el exilio, vuelve a atacar a varios de sus compatriotas. El pasado 12 de mayo, el blog de esta señora reprodujo una carta que el músico Paquito D’Rivera publicó, respondiendo a una petición del escritor Eliseo Alberto (Lichi) Diego para que se adhiriera a una campaña de condena contra los asesinos del poeta y ex guerrillero salvadoreño Roque Dalton. En uno de los comentarios a la carta, un lector le preguntaba a Valdés: “¿No recibiste un premio de poesía “Roque Dalton” cuando trabajabas para ellos, Zoe? ¿No tiene límites la desvergüenza? ¿No hay espejos en tu casa? ¿Los miras?” Ni corta ni perezosa, como acostumbra a hacer cuando alguien la confronta, Valdés lanzó una diatriba en defensa propia. Pero en lugar de limitarse a responder la pregunta del lector, decidió dedicar gran parte de su respuesta a atacar a varios de sus coterráneos, acusándolos de haber estado más comprometidos con el régimen que ella.

Y aquí debemos hacer un alto. No se confundan los lectores. Zoé Valdés no menciona, entre estos “comprometidos”, a escritores como Miguel Barnet, Roberto Fernández Retamar, César López, Abel Prieto, Nancy Morejón, Arturo Arango, u otros que han estado firmando cartas a favor del régimen o que han condenando la disidencia. No, ella arremete contra (¡vaya casualidad!) aquellos escritores cubanos cuyas novelas han tenido tanto o más éxito que las suyas en los últimos años. Y lo hace con la evidente mala leche de arrojar basura sobre ellos, sin conseguirlo, y con la perversa tentativa de desviar la atención de su propio tejado de vidrio, que ya está irremisiblemente roto. Su incoherente respuesta es un buen ejemplo del refrán: “Una verdad a medias es siempre una mentira”. Eso es lo que hace Valdés en este caso.

Foto: Daína Chaviano
La primera en sufrir la andanada es Daína Chaviano. Sobre ella, dice Valdés que “de manera más comprometida que yo, Daína Chaviano […] en su versión cubana de Los Mundos que Amo, escribió que el Kremlin era el mejor de los mundos, tengo en mi poder la fotonovela que se publicó para la ocasión, escritora de éxito, por demás, en la Cuba castrista”. Vayamos por partes. En primer lugar, es curioso que Valdés, a quien nunca le gustó la ciencia ficción, diga que conserva un ejemplar de esa fotonovela cuando hay tantos libros que, en sus entrevistas, dice haber perdido en su largo periplo de exiliada. ¿Será que es una admiradora secreta de Chaviano y le molesta admitirlo? Por desgracia para la señora Valdés, nosotros también somos fans de Chaviano y conservamos la mencionada fotonovela. En ningún lugar de ese texto, Chaviano dice que “el Kremlin es el mejor de los mundos”, ni siquiera menciona la palabra Kremlin, ni Unión Soviética, ni nada parecido. Es cierto que la editorial Gente Nueva (que editó y realizó la fotonovela) en un momento dado colocó en uno de los cuadros una foto de la Plaza Roja para acompañar el texto original de Chaviano; pero esa licencia de la editorial no puede atribuírsele al texto. Tampoco aparece ninguna referencia al Kremlin en el libro original (ganador del Premio David de Ciencia Ficción) que también tenemos. Decir que la autora escribió algo que nunca apareció en sus libros constituye, ni más ni menos, que una flagrante mentira por la cual Valdés podría recibir una demanda si la autora mencionada se entera.

De todo cuanto dice Valdés sobre Chaviano lo único cierto es que era una escritora de éxito en la isla; y con ello ha reconocido algo indiscutible. Mucho antes de que Zoé Valdés fuera Zoé Valdés, Daína Chaviano ya era Daína Chaviano, pero no por escribir diatribas a favor del gobierno, sino por todo lo contrario. Los libros de Daína Chaviano nos hablaron, a toda una generación, sobre la fuerza de la imaginación y la importancia de rescatar la fantasía dentro de un país donde se habían prohibido las hadas y donde hablar de magia o de extraterrestres era diversionismo ideológico. Antes que nadie, Chaviano defendió a sectores sociales como los gays (¿quién no recuerda aquel famoso cuento sobre el dinosaurio Verde Verde en ese libro de culto que es El abrevadero de los dinosaurios?), defendió el derecho a la individualidad y a la rebeldía social (busquen los parlamentos de la estudiante en Fábulas de una abuela extraterrestre, y varios relatos de El abrevadero… ) y condenó una ideología que había prohibido las hadas (y si no, vayan a los alegatos en defensa de la fantasía que se hacen en Historias de hadas para adultos). Todo ello es bastante más de lo que recordamos que haya hecho Valdés durante su estancia en la isla.

Otra verdad retorcida es cuando afirma que Chaviano estaba entre los que trabajaron para el régimen porque “tuvo programa de televisión”. De nuevo no aclara que ese programa de televisión fue un ciclo de películas de ciencia ficción que la escritora presentó sólo durante dos meses de un verano. La otra conexión de Chaviano con la TV fueron sus adaptaciones de cuentos de hadas para niños y una telenovela destinada a los jóvenes (escrita en colaboración con otros tres autores) que no tuvo nada que ver con la política y que, por el contrario, fue muy atacada por gendarmes del régimen por su osadía social. Le rogamos a la señora Valdés que no venga a tergiversarnos la trayectoria de escritores que todos conocemos muy bien y que en su momento hicieron lo que ella nunca hizo. No somos marcianos a quien se les pueda hacer cuentos de camino.

Llegados a este punto, sería bueno recordar que quién sí tuvo un programa de TV durante 16 años (desde 1973 hasta 1989) fue su segundo esposo y funcionario del ICAIC José Antonio González. Este señor, con quien Valdés se casó en segundas nupcias después de divorciarse de Manuel Pereira, fue director del Centro de Información Cinematográfica del ICAIC desde 1976 hasta 1983. Más tarde pasó a ser Director de Relaciones Internacionales de Casa de las Américas hasta 1984. Ese año fue nombrado Consejero de la Embajada de Cuba ante la UNESCO hasta 1988. Y de paso obtuvo múltiples condecoraciones oficiales por sus servicios al régimen cubano. Por cierto, dicho funcionario falleció cuando el avión donde viajaba rumbo a Italia, donde era enviado como representante del gobierno cubano, sufrió un accidente después de despegar, dejándole a su viuda un envidiable apartamento en el Vedado, cerca del Malecón… ¿Recuerda que mencionamos el tejado de vidrio, señora Valdés? Mejor pensarlo bien antes de hablar... (continua aquí)